documentos de pensamiento radical

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miércoles, 17 de enero de 2018

TODOS SOMOS JUDÍOS ALEMANES




“Todos somos judíos alemanes”, decía uno de los lemas solidarios del mayo francés de 1968.

Todos somos recién llegados.

Todos somos leves transeúntes (aunque nos soñemos héroes inmortales).

Todos somos extranjeros en casi todas partes (otro lema solidario, en este caso leído en la República Federal Alemana en los años ochenta).

Todos somos animales extraviados.

Todos somos simios averiados, vasijas resquebrajadas.

Todos somos potenciales cuidadores y potenciales torturadores.

Todos y todas hablamos en sueños.

Todos somos seres desvalidos; podemos imaginar tener una misión, pero en el mejor de los casos nos inventamos buenas tareas.

Todos somos Homo narrans y Homo demens.

Todos somos huérfanos.

Todas y todos somos mortales.


Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017


martes, 16 de enero de 2018

Azul



El Unicornio fue azul. El cielo,la mar, los jeans,los pitufos, la ballena,el zafiro,algunas estrellas Gigantes,algunas mariposas,el pájaro azulejo,la Garza, algunas Iguanas, el blues,la hepatica nobilis,la campanula,el delphinium,el Lirio de agua,el Venado Azul.

Tiritan, azules, los astros, a lo lejos de Neruda y El pájaro azul era el pobre Garcín de Rubén Darío, el Azul de Rubén, dicen, nació de su admiración a Víctor Hugo quien había manifestado “L'Art c'est l'azur” .

El arte es azul.

Azules son los montes y las sierras de Machado en sus sueños
Soñé que tú me llevabas/por una blanca vereda/en medio del campo verde/hacia el azul de las sierras/hacia los montes azules/una mañana serena.

Azul es el cielo y la siesta de Juan Ramón
Qué miedo el azul del cielo/ ¡Negro! /¡Negro de día, en agosto!/¡Qué miedo!/¡Qué espanto en la siesta azul/¡¡Negro!

Azules las olas de Alfonsina Storni
   Ver cómo se rompen las olas azules/contra los granitos y no parpadear/ver cómo las aves rapaces se comen/los peces pequeños y no despertar

Azul es una época ,la de Picasso,con su Guitarrista viejo,su Mujer de Azul ,el Entierro de Casagemas ,El Desnudo azul y La vida.
Azul es" Noche estrellada de Van Gog" y sus "Lirios"
y azul es el Azul Klein y su Suelta de1001 globos azules
y azul, es el Bleu II de Miró.

El Príncipe era azul.

En la infancia,en los cuentos de hadas,siempre noble,apuesto,gentil,hermoso y libre.

La princesa no.

Ella no era azul. Era hermosa , dulce y obediente .Era frágil y bondadosa
más no Libre.
El príncipe era Azul y Libre.
La princesa No.
El príncipe azul siempre rescata a la princesa de una malvada bruja , una madrastra

ellas
tampoco son azules

El príncipe azul siempre tan noble ,apuesto y gentil rescata a la princesa y la besa , un beso de amor de un príncipe azul.
Y la princesa,dulce y obediente ,se deja
besar por el príncipe azul
y cumple así sus sueños de encontrar a su príncipe.

El príncipe azul siempre rescata a la princesa .

La princesa sigue sin ser azul ni libre.

Mi mirada es Azul y no soy Princesa

Soy una Mujer Líquida.



Begoña Toca. En Muturreko Ahotsak. Voces del Extremo. Loturaren Poesia / Poesía del Vínculo. Amargord Ed. 2017
Ilustración: Yves Klein. s.t. Antropometria. 1960

lunes, 15 de enero de 2018

9 poemas de A TIEMPO de MARCELO DÍAZ


Vivo
        Antes que el proyecto de mis actos,
                                                                    vivo.
        Antes de que se cumpla mañana,
                                                                    vivo.
        Antes que el recuerdo,
                                                                    vivo.


    Deseo al atardecer
        Que llegues al ágora y estés con sonrisa de magnolia.
        Que acerques tu mano y roces el agua,
                                                                        la luz tendida,
        el instante infinito y pequeño                 de tu crecimiento.



     Se aman
         Desde el tallo, la flor,
                                             pináculo en cielo.
         En el ábside, abrazo.
                                             La luz seminal.
         Así el tiempo cabalga sobre el músculo terso.
         Domina la carne en su mandato sin tregua
         y perpetúa los cuerpos en su instante sin reposo.
         El débito del curso de la sangre,
         el placer rompiéndonos en voz primitiva.
         Cadena donde no cabe otra escritura.
         Ignorancia insertada.
         Así cabrá en mi mano el puente de tu cuerpo,
         la línea de magia que dibujas con tu aliento.
         El salto que pones en mi vientre
         y de súbito ya es viaje
         a la tierra ilimitada que siempre presentimos.
         El tiempo de la cima es vuelo con nosotros.

     Barrio del sur
         La ciudad no llegaba a aquellas casas.
         Casas medidas con el nombre del hambre,
         vasallaje proletario del pan comprado caro
         con las horas extras del amanecer y de la noche.
         Pero
                   abrigo mejor que el de otros tiempos umbríos.
         La ciudad era aquello:
                                                el final de la urbe.
         El campo
                          arrancaba ante el escalón recién hecho del último portal.
         La ciudad crecía,
                                      cobijaba a los que tenían miedo y hambre.
                                      Y los hacía anónimos, pobres y grandes.
          Estaba a dos pasos de la puesta de sol,
                                                             la lluvia,
                                                             la sequía del campo.
          Y un puente de palabras, de vecindad importada,
          traída, importada también con ellos,
          los unía y comunicaba
          como un último camino de extinción de aquello que eran.       


  Invitación
         Si mi mano tiene su hueco lleno de riqueza, pongo la mesa y te llamo,
         comparto contigo, no las sobras sino el venero de la luz.
         Es a este lado azul de una esfera inatrapable,
                                                              tendida minúscula
                                                              en el Universo desmedido,
         donde la ofrenda ocurre como forma de riqueza.
                                  Siéntate       y       come
                  del hálito intemporal de la Tierra y el Hombre.
         Regresa a tu hueco.
        Ya sabes que al otro lado te queman la tierra
         y hablan solo del orden del dinero.
      
         La noticia del hambre, la miseria, la muerte, la guerra...
         adornan la sobremesa como una página de inevitables sucesos.
                            Elige    tu    ágape    y    tu    silla.


    Cronología de la memoria
         No elegí tantas cosas con que me veis
         como un árbol ya definitivo.
         No elegí el dolor con que matan los malos.
         No elegí el día de mi llegada,
         ni del regreso al polvo.
        No evoco alimentando la panza de los días alargados
        porque vivo en las sendas camineras
        sobre andamios constructores.
        Aunque arranco las páginas del crimen,
        de opresores, tiranos, actores del mentir.
        Con un trazo humano lo tacho.
        Y abro su erial y traigo a su mantel
         pan en palabra de los vivos buenos.


    Proa de esperanza
   
               Contra el viento.
                                            Ando,
                                            navego,
                                            creo.
                                             No deshago el trayecto de mis ojos,
                                             aunque otros malditos tuerzan los caminos.
  
     Crecimiento interior
         Crecer deviene de muertes,
         de luces perdidas y apagadas,
         de heridas deformes
         que te amplían los muros del alma,
         de elegidas renuncias,
         de cimas rodeadas.
                                           Deviene de pasos sin línea recta.
                                           Deviene de amor.


    Homenaje a los disidentes
          Siempre hay una voz que habla desde el tiempo oscuro.
          Desde la caja armada sin ventanas.
          Armada desde fuera como un contenedor maldito,
          con las razones deshechas y expropiadas.
          Con sus razones donde no hay ser humano.
          Los que administran dioses
          dicen que te dan la vida eterna, si obedeces.
          El dinero compra las muros y te da miseria.
          Siempre fueron de la mano
          para encajarnos sumisos.
                                                                                                      Pero
          siempre hay una voz que abre la luz
          con sus gritos de raíz
          que dice que hay sol,
          que en el tiempo caben todas las palabras.

 Marcelo Díaz. A tiempo II. 2013
 Escultura del mismo autor

domingo, 14 de enero de 2018

2 poemas de MANUEL MARTÍNEZ MORALES





ASI SON LAS COSAS

millones de cálidos cráneos
(jóvenes o no)
se enfrentan
día con día
al cadalso y sus implicaciones
(concretas o no)
El olor a nuevo
y los colores de la libertad
confirman
la oscuridad
y demás presagios de tormenta.

Alguien y muchos
Dijeron:
Enamoramientos.
con las reservas del caso
hablaron de lo que ya está  sembrado
Hicieron constar:
no hay modo
de gallina ciega
los turbios negocios
están al borde
Por todo ello
y por  los sueños
que tenemos de noche también de día
supimos
junto con
escarabajos, luciérnagas, langostas
caracoles
y otros animales muy queridos
del advenimiento
del limpio
reluciente
octavo día.



ACERTIJO

Por obligación
las moscas andan sobre la cagada,
tú y los demás:
¿a quién obligan como moscas que son?

Ya no andes repartiendo
tus ascos
cochino yanqui mentiroso
anda a cocinar tu carroña
mas fácilmente vista y aceptada
donde para mirar: santo y seña.
(desesperación por los gusanos
enredados
en los dedos de mis pies)

Te vas a morir generalote
Como dos y dos
El pájaro se desmoronó
por obligación
Las leyes aerodinámicas
                              —dicen—
El acertijo es personal
Y punto.

XII-75


DR. MANUEL MARTINEZ MORALES
UNIVERSIDAD VERACRUZANA
XALAPA, VERACRUZ


sábado, 13 de enero de 2018

AMOR GENÉRICO





Al conductor del tranvía frío de las cinco
y media de la mañana que mira
a los ojos y sonríe
a las señoras y señores limpiadores
del apartamento el colegio
el centro de salud las imperfectas
calles dolientes del mundo

por donde pasan las aplicadas
obreras cajeras de supermercado que conocen
y bromean con mis códigos de birras
los payasos los maestros los mimos los magos
los músicos de los semáforos
que en formato clásico
propagan poesía

—del enfermero
que arriesga
el marinero
que aguanta
o el campesino
que su légamo
lee—

a las costureras de maquila
y las gentiles camareras
los panaderos
los albañiles los peones
los humildes puntales de la paz
que mi corazón
admira

sin ir más lejos
a ti —joven
oficial de mecánico—
que ahora mismo cambias
mis ruedas con esas manos
hermosas y negras
tan parecidas
a las de mi padre.


Gloria Cabrera

viernes, 12 de enero de 2018

ALITAS DE POLLO de JUAN ANTONIO MARÍN











De vez en cuando, mi madre decidía
que tenía que dejar, por una noche, 
la rutina de preparar la cena, de lavar la vajilla,
todo el día en la casa, limpiando y arreglando
y al final ya no sabes si tú misma ensucias más que limpias.

Íbamos, de tarde en tarde,
al bar de las alitas, una especie de oasis proletario
donde daban alitas de pollo, cuellos, mollejas,
y para de contar; pocos metros de intenso rendimiento.

Allí siempre había gente esperando para conseguir mesa,
observando impacientes a los comensales, para abalanzarse sobre sus puestos
en cuanto alguno hacía el más mínimo ademán de irse.

Una vez nos ofrecieron el poyete de una ventana
-allí también los camareros servían las raciones y la gente comía de pie, en la calle-,
y mi padre miró a mi madre como para preguntarle si para ella valía;
ella dijo que no, que para una vez que salíamos,
qué menos que una mesa y unas sillas para sentarnos.

Todo se comía con las manos, de la fuente de acero inoxidable;
calculé que con eso ahorrarían en limpieza
más de lo que costaran las servilletas de papel.

Mi madre procuraba
que juntáramos todos los desperdicios, civilmente,
en montoncitos ordenados,
en lugar de ir tirándolos al suelo, como todo el mundo;
hacernos responsables de nuestra matanza
y nuestra digestión,
pero luego venía el camarero
y nos lo echaba todo al suelo con la bayeta, nos igualaba a todos,
que era mucho más rápido y barato.

De todas formas había que barrer, de tarde en tarde.

Uno andaba como por encima de un cementerio a ras de tierra,
como por encima de un campo de batalla;
algo tenía de gloriosa tanta precariedad, tanta barbarie.

No te lo dije, mamá, le recuerdo otra vez,
para que me oiga el camarero cuando lo tira todo por el precipicio de la mesa.

De vez en cuando, no se puede abusar,
pero de vez en cuando una tiene que salir de la rutina,
sin tampoco gastar mucho dinero.

Como cuando fuimos a la feria,
los cacharros tan caros, todo era dar vueltas y más vueltas,
para estar muy seguro del que iba a probar. 
Para el pequeño no había duda, el tren de la bruja era pura fascinación,
pero yo ya sabía que la bruja no era más que un drogata
vestido de mujer.

Pedimos un pollo asado en un chiringuito, era una buena oferta,
aunque fuera pequeño, ese truco ya nos lo sabíamos, pero resultó el más pequeño
de todos cuantos pollos nos habían presentado;
si llegamos a ir media hora antes nos hubieran servido un huevo frito.

Nos lo comimos casi todo entre mi hermano y yo;
él aún no sabía negar sus apetitos,
y yo aún no había aprendido a perdonarle a mis padres sus errores.

Apenas nos quitamos las hambres, pero lo peor fue a la hora de pagar.
Nos pidieron el doble de lo anunciado, pero jefe, si dice en el cartel...
mírelo bien, mire la fracción, uno partido por dos, en números minúsculos,
por delante del nombre del ave en grandes letras. 

Humillados y hambrientos, más cobrados que alimentados,
abandonamos la feria, su estúpida, su cara alegría,
y volvimos a casa confusos, medio engañados, medio ridículos,
sintiéndonos tacaños y miserables,
más tacaños, más tontos, más miserables que estafados,
más pobres que habíamos salido, y más tristes, y yo incluso temiendo
a mi padre al volante con el cabreo que debía de llevar.

Y una horrible pregunta rondándome muy cerca,
aunque viera que no debía hacérmela:
¿para qué nos trajeron nuestros padres al mundo,
con lo caros que les resultábamos?
Tenía la respuesta, pero prefería no tener que darla:
Porque no todo consiste en timarle a la gente,
en sacar beneficio de los desconocidos, también es necesario
confiar en la vida,
confiar en personas que ni siquiera existen todavía,
y comprometerse a dárselo todo por el mero hecho de que lo necesitan.

Estaba visto que la fiesta no era lo nuestro,
menos mal que volvíamos a la normalidad mañana,
a la rutina de los pollos pesados, los pollos conocidos,
mañana volveríamos a saber lo que valen las cosas antes de soñarlas,
mañana volveríamos a tirar ordenadamente los huesos en el cubo de la basura,
a pisar en un suelo decente y bien fregado,
a intentar que todas las palabras 
tuvieran más o menos el mismo tamaño,
al menos entre nosotros, ya sabíamos bien lo que pasaba fuera.


Texto: Juan Antonio Marín, proyecto en preparación.
Fotos: Ángel Pasos. Street Photography.