documentos de pensamiento radical

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viernes, 10 de enero de 2014

LA SENDA DEL PERDEDOR


                                          Encontrado en un Diario

Era una mano tendida y después no se sabe muy bien empezamos a ir juntos. Por entonces había que trabajar era la época donde todo ocurre por primera vez. Ahora que el tiempo ha pasado escurriéndose como una amante ya cansada escribo las historia de aquellos días los sucesos que de la mano tendida y mi mano fueron escribiéndose en el viento de la historia como una culpa o una liberación. Amábamos los coches y las mujeres como se ama la buena comida o el alcohol pero solo en la medida en que la embriaguez accede al clímax y daba la casualidad que la ascensión a los cuartos perfumados de un modo excesivamente dulzón –contar al menos media docena de ellos- atraía la zona vallada del gusto por vivir que nos asolaba con su exceso y su fiebre y era como una droga o una religión no había caminos ni postes indicativos si a la derecha o a la izquierda a las tres o a las cinco. Para quien gusta de su vida los territorios y las horas son excusas para permanecer aferrados a la espera de que ocurra en cualquier momento pero dejemos los pensamientos sin cerrar y acerquémonos a los hechos como aquella vez en un pueblo bañábamos nuestros cuerpos en un río y se acercaron dos y dijeron de ir a coger glorias con ellas a un monte cercano y nos miramos y tuvimos la aurora entre los dedos y estaba bien y acaso la vida no pueda ofrecer más de lo que imaginamos y otra vez era Mayo o Junio no sobraba el dinero pero éramos felices si dos personas pueden ser felices y otra vez ganamos más de un millón y esa misma tarde nos lo gastamos y ellas dijeron volver volver nunca Odiseo nos lo pasamos tan bien y nos dimos un beso y huimos de allí presos otra vez de una libertad sin motivos y en el camino alguien preguntó si queríamos ganar dinero y dijimos sí y cambió nuestra vida comíamos en sitios elegantes y adquirimos modales refinados y hermosos pero la noche fiel como una esposa arrepentidas llamaba después del duro ganarse la vida y quedábamos en la base donde era imposible no sentirse partícipe de un mundo nuevo allí la caricia o el beso esperaban tras las copas la no culpa un desván clausurado en la memoria solo existía el goce la caída poseer como un salvaje o un santo o simplemente el mero hecho de emborracharnos o reírnos era suficiente pero también terminamos con eso y viajamos alrededor del toro su piel magnífica como un mundo investigábamos y no sabíamos entonces que la historia grababa nuestros nombres en cada curva o kilómetro y que torrente o cuchillo al alba o la noche profundizaban una forma especial  y única de hablar de expresarse y que nosotros marionetas instrumento para gentiles aceptábamos. Hubo que cambiar de coche era difícil trabajar en aquellos tiempos amenazaban las suspensiones de pagos y la parálisis lo intentamos a fondo y creo triunfamos aunque lo más hermoso fue el camino su música su no desaliento  como cuando paramos ¿era Aranjuez? A dos que hacían auto-stop iban a Madrid y quisieron hacérselo con nosotros y la piel ardía pero una estaba embarazada y la otra tenía un hijo loco y sus familias no sabían nada y habían preparado un plan de fuga las invitamos a café y las dimos un teléfono falso o antes del invierno camino del sur en aquel restaurante rojo donde entre cuatro platos no supimos decir cual era el mejor y nos invitaron a champagne y aquello era tan barato que no lo podíamos entender y después quedamos con Conchita pero entre geranios y margaritas sólo el agua excitaba nuestras neuronas y paseamos por las antiguas calles que habían sido capital de un mundo ya desaparecido hasta una luz inequívoca que había guiado nuestros pasos y era un antro donde nos esperaban es cine la vida y el guión va haciéndose sin pensar aunque a veces es inexplicable indecible porque lo innombrable lo invisible también tiene cabida y nosotros ahora ya lo sabemos y juntos fuimos a un hotel y la suite era árabe tenía el sabor que puede tener hoy el lujo oriental es decir que el tiempo no mueve sus instantes del mismo modo y que desde las caravanas del desierto hasta la mezquita donde los arquitrabes están hechos de luz para Alá y sus hijos castigados por una Fortuna adversa lo probamos todo y los cuatro en el baño inventamos un modo de espuma que el champagne no era bastante y cada zona de la piel territorio para explorar. Allí la parte del cabello que más estrellas tiene inventó nuestra canción hasta el alba que nos sorprendió desconocidos y mudos muertos de amor pero en la seguridad del nombre para generaciones venideras de las cuales una tribu llevará por siempre nuestro bautismo y ya en la despedida dijeron volver volver y pensamos que el dinero puede con casi todo y era un pena pero el mundo estaba así y continuamos el viaje esta vez era el mar y durante más de media hora escuchamos su rumor la violencia de sus olas aplacando en su ritmo las espumas de nuestro corazón y nos abrió el apetito y sin darnos cuenta se había hecho de noche y comimos en un chiringuito junto a la carretera  era imposible no sentirse impregnado de un ansia anterior al hecho de ser hombre o de participar de unas normas exclusivas para quien ha renunciado a sí mismo y a su vida Éramos otros comprendéis y era un jardín el mundo donde cogíamos lo que ofrecía sin preguntar y las horas no se sucedían sino que atropelladas iban y venían esto solo ocurre una vez y hay que estar atentos y sólo importaba la dulzura de la miel derramada en los labios de la diosa esperanza guiando los pasos hacia la magia de otros brazos acariciando la piel enferma de soledad y regalamos nuestras prendas íntimas y la colonia eso fue después casi un día después eran tan hermosas que nos drogamos y no sirvió de nada el amor visitó nuestros cuerpos los embriagó y permanecimos detenido el tiempo desnudos todos hablando de nosotros y de Madrid y allí el champagne corrió y al día siguiente hubo de pagarlo y dijimos no y nos fuimos y no importó y también hicimos negocio y desechamos a un perdedor como nosotros yo pensaba en la muerte y tuvimos una idea magnífica no nos atrevíamos a ponerla en práctica y al momento nos dio lo mismo y acabamos como quisimos y seguimos viajando por la costa y no lo sabíamos era un modo extraño de vivir y allí en el sur comimos una fruta hermosa regalo de una madre de familia bebimos vino a cambio y seguimos el viaje terminamos en una provincia del este y la noche se echaba encima y quedaban veintisiete mis pesetas y nos miramos llamamos a un taxi que nos condujo a un extraño bar y hablamos con la dueña que nos enseñó las columnas griegas el baño donde Afrodita lava sus muslos y también estaba el barco encallado de Odiseo pero elegimos el salón de los espejos y hacía frío fuera y nos dijo que no había ningún problema aquello era sencillo y nosotros queríamos viajar otra vez y ella nos contó su vida era triste gustaba del flamenco y nos reímos incluso tardamos más de lo debido y no importaba es curioso el mundo pensamos y tenía un hijo marica y vivía con un sobrino que se parecía a Tarzán pero era pobre y cedía a los caprichos de su tío y volvimos y ya no fue igual porque nada vuelve a ser igual y eso da que meditar Comprendimos que había que regresar y nos pusimos en marcha y nos reconocieron enseguida a pesar de haber cambiado tanto de haber naufragado tantas veces por ese lirismo especial que tienen dos brazos junto a otros brazos Una vez más sobre todo si la música es hermosa y me gustaba Mozart y un oscuro poeta exiliado que vendía rosas en una ciudad extranjera Las noches ya no se vestían igual y el recuerdo nos hacía beber y beber nos emborrachábamos una y otras hicimos más cosas pero asistíamos a la repetición y como quien no quiere pero tanto ha buscado descubrimos que se puede seguir caminando porque siempre había estado a nuestro lado era una amante y era palabra y pronunciarla llenaba de terror pero era nuestra era Amargord.


José María de la Quintana. El ángel de la noche. Ed. Amargord, 1992

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